27 jul. 2013

Modos de asedio por Flavio Lo Presti

Flavio Lo Presti reseñó "Modos de asedio" para el diario cordobés LA VOZ DEL INTERIOR. Esto es lo que dijo.
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Impresa | Suplemento CulturaCBA | SAB 27 JUL | 14:37

Lectura doble

Flavio Lo Presti Especial

La editorial El 8vo loco sale al ruedo con una modalidad más usual en libros de texto para secundario que en los de ficción: un volumen doble (una cara para cada relato), en una colección esperablemente bautizada "69". En este caso, las novelas presentadas son Nuevas cenizas, de Mariano Fiszman, y Modos de asedio, de Ana Ojeda, y añaden a la rareza de la edición el condimento de estar cada uno en las antípodas literarias del otro.

El libro de Fiszman es una especie de joya extraña, no recomendable para lectores de suplementos masivos o para los del mainstream literario (si hay tal cosa), ni siquiera para los lectores de las rarezas usuales. Es una muestra de literatura en estado puro, uno de esos casos en los que la prosa se permite narrar acontecimientos y describirlos con precisión inusual y al mismo tiempo, por un impulso lírico, estar al borde de independizarse de ellos y destruirlos, devorarlos. En la escritura de Fiszman cada frase amenaza con el hallazgo, pero del tipo que se espera encontrar en la muy buena poesía.

En cuanto a lo que sucede en el laberinto de frases que es Nuevas cenizas, cabe aplicar la frase que Borges usaba para referirse a Faulkner: no sabemos lo que sucede, pero sabemos que es terrible. Nada de esa rareza obligatoria que cierta zona de la literatura argentina nos obligó a comprar, sino algo mucho más extraño: ambientes de David Lynch con la orquestación subrepticia del rock argentino y una prosodia onettiana, faulkneriana; descripciones de un hiperrealismo/surrealismo que tolera desde los acentos más altos a los más bajos, que permite que cualquier palabra fluya naturalmente. De todos modos, a pesar de todos los elogios, uno termina el libro preguntándose cuál sería el tamaño de Fiszman como escritor si no tuviera tanta vergüenza de la prosa, si no tuviera miedo de caer en la tiranía de la información que parece dominar a la literatura que ganas premios de multimedios.

En las antípodas está el libro de Ojeda: claro, liviano, bucea en una zona distinta del mercado actual de la mímesis. Si hubiera que emparentar la novela de Ojeda lo haríamos, más que con una corriente de la literatura contemporánea, con una serie de películas: algunas comedias románticas argentinas recientes (No sos vos, soy yo), clásicos norteamericanos del género (Cuando Harry conoció a Sally), algún Woody Allen light. Quizá se deba a que los protagonistas de la novela son cineastas (o aspirantes a serlo), a que escuchan a Shakira en la ducha o (esto es más probable) al peso que tienen en el libro sus historias sentimentales, jalonadas por desencuentros y entremeses gastronómicos.

Modos de asedio es una historia de amor desgajada en relatos que aparentan una conexión mucho más débil de la que finalmente los une, y que oculta las pistas sin hacer caso del fair play, desorientando voluntariamente al lector y aprovechándose de que, a pesar de los parentescos con el cine, no estamos viendo una película, sino leyendo: una versión cinematográfica de la novela terminaría con la intriga más rápido de lo que lo hace la versión escrita. De todos modos, esto no es una crítica negativa. A pesar de que hay cortazarismos pesados en la prosa de Ojeda, Modos de asedio es un relato disfrutable, lejos de la intensidad de la novela de Fiszman, pero también de su oscuridad.


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